Éramos una banda de delincuentes,
asolábamos el barrio
armados hasta los dientes,
aunque a veces, de repente,
en el medio de un atraco,
sonaba "a tomar la leche"
y se salvaba el banco.
Nos turnábamos oficios,
A ambos lados de la ley,
hoy tocaba de Al Capone
y mañana de Eliot Ness,
pero vos Huguito siempre,
y tal vez fue vocación,
no querías sabes nada
con jugarla de botón.
Después vinieron los fasos
y las fotos a color,
si habremos amado hembras,
echas de tinta y cartón,
rajábamos de la escuela,
y esta es la pura verdad,
para aprender cosas serias,
ambulando en la ciudad.
En carnavales del náutico,
de regatas, de italiano,
conseguíamos algún filo
para salvar el verano,
y nos mentíamos historias
de cariñosos excesos
que el deseo entretejía
alrededor de algún beso.
Paso el tiempo y el destino a Hugo,
Lo llevo para otro lado,
mientras todos estudiamos
el hacia burro y dados,
el amor de carnavales
para entonces lo aburría,
y empezó a hacerla de novio,
de chicas de whiskeria.
Saludaba desde lejos,
ya no era el Huguito de antes,
nos hablaba poco y nada,
se juntaba con los gansters,
la viejitas en el barrio,
que lo alzaron de bebito,
algo leían en sus ojos,
cuando decían: pobrecito.
Para mí que se acordó,
cuando llego el patrullero,
y se confundió la escena
con aquellos nuestros juegos,
porque si no, no se entiende
como revolver en mano,
trato de parar la cosa,
gritándoles pido gancho,
y esos tipos no escucharon,
ni su voz ni la que oía,
avisando a todo el mundo
que la leche esta servida.
Dicen que cerro los ojos,
por el fumo enrojecidos,
que tiró y mató una nube
y dejó el sol, malherido,
de lo que yo estoy seguro,
es de que una bala de esas
nos mató un poquito a todos,
los de la gavilla aquella.
Yo quiero una novia,
Rubia americana,
Como la rubia estrella del Mango café,
Ella sacude todo lo que dios le ha dado,
Encima de un tablado donde no entran tres,
Mi novia americana debe de ser hermana de Clark Kent.
Parece súper chica si toma kriptonita,
En los baños del mango café,
Y sale echa una fiera
Y chocan los Mercedes en la acera,
Y llenan de cristales,
Y llenan de cristales Ocean Drive.
Le dije ser mi novia,
La rubia americana, me miro sonrió y dijo What??
En eso sonó un tiro, un negro cayó al piso,
No vieran la estampida que se armo.
Se encendieron las luces,
Se apagaron los salseros,
Y entro el elenco entero de Miami Vice,
De no ser por al bella rubia americana,
Aún estoy en Miami explicándole,
Al teniente Castillo que yo no fui el hispano,
Que liquido al negrito del Mango café.
Que pena es que ella misma no lo logro convencer,
Que al kilo de kriptonita no lo pensaba vender.
Si un día vuelvo a Miami,
Me compro un diccionario,
Me voy para la jaula y le canto en ingles,
Y si es que quiere ser mi novia,
Ahí mismo busco al cura,
Me compro los anillos, me caso también,
Y esperare a que salga,
Gozando la buena salsa,
Que te pasan cada noche...
en el mango café.
Suponías que conocías las reglas del juego,
Que sabias un día, seria mentira su ultimo “hasta luego”,
Y que entonces te sentarías, junto a su silla en la cocina,
A mirar, su vaso de vino y su cenicero.
Veinte años de oír su timbre por las mañanas,
De escucharlo aunque ya lo entendieras sin decirte nada,
A esa altura quien era su esposa,
A esa altura cual era su casa,
Como saber, ya, con quien convivía y a quien visitaba.
Y hoy como esos maridos viejos y aburridos,
Que te dicen que van a la esquina a comprar cigarrillos,
Y que no vuelven jamás en la vida,
Se fue casi sin más despedida,
Y hoy te cuesta recordar siquiera aquel ultimo rostro,
Una vez que se cierra esa puerta ya no hay quien la abra,
Y hoy sabrás lo que pesa, no dicha una buena palabra,
Que podrías haber sido más buena,
Y hoy no te devoraría la pena,
Y esas cosas que hoy llenan tus horas, repletas de nada.
Suponías que conocías las reglas del juego,
Y que mal que te pese, era de ella, el ultimo momento,
El precio de andar de contramano,
Fue el no poder tenerle la mano,
Y ganar la certeza de que no volveras a verlo,
Y por eso,
Cada vez que te tocan el timbre por las mañanas,Donde hoy estas tan sola,
Tú y su vaso de vino,
y un millón de recuerdos.
Llegó, y vaya si llegó,
Vino a quedarse y sin valijas,
De un minuto para el otro apareció,
Y yo que no lo conocía,
Lloré de la alegría de solo verlo.
Así es que está de dueño ahora,
De las cosas y las horas,
Es el dueño de las noches,
las tardes y las mañanas,
Pide todo y a los gritos,
Paga con una sonrisa,
Que ríe solo, y solo si, le da la gana.
Y un día de irá, y vaya si se irá,
Con nuestra vida en sus valijas,
De un minuto para otro partirá,
Que así termina este papel de devolver
agregando a lo recibido un poco mas.
Yo he decidido desistir de hacer de actor,
De maquillarme para el rol de hombre mejor,
prefiero enseñarle el error, que enseñarle a fingir,
confio en que sabrá elegir de lo nuestro lo mejor.
Como buen padre he decidido ya su profesión
Y espero que su vocación no vaya contra esta obsesión,
De que se encuentre ocupación, de gozador de la vida
y buscador de alegrías, en turnos de sol a sol.
Y un día se irá y vaya si se irá,
Con nuestra vida en sus valijas
de un minuto y para el otro partirá,
Que así termina este papel de devolver
agregando a lo recibido un poco mas,
Cuando tenga que explicarle
tratare de serle franco, de decirle que no existe
ni lo negro ni lo blanco, que aquí todo son matices,
distintos tonos de grises, y que deja cicatrices ser gris claro.
Confío en que tendremos tiempo y mucho por jugar,
Yo de improvisado guía, de este su tour por la vida,
Con este papel ingrato de decirle a cada rato,
Que el camino es el que creo, debe tomar.
Y un día me iré y vaya si me iré,
Me iré por siempre y sin valijas
de un minuto y para el otro partiré,
Y tal vez cantando esta canción, él me recuerde,
El me recuerde cuando le parezca bien.
Ella hacía el patín por distintas esquinas,
Tuvo el pelo negro, ahora anda teñida,
El hacía la noche en el centro también,
Cambiaba por frula, los pasa-casettes.
Zafaron de la yuta, juntos una noche,
No hubo preguntas y menos reproches,
No hubo que ocultar, que ella era puta,
y el revienta coches.
Igual que esos yuyos que crecen por los techos,
Les nació un amor de esos que queman el pecho,
Amor entre reos, pero tan amor,
Como el que tuvieron Julieta y Romeo.
Mírame a los ojos, decime que ves,
Si es que esto no es amor,
pero, ¿que va a ser después?
Si es que para nosotros existe un después.
El nunca le regalo una sola flor,
Ella jamás le escribió cartas de amor,
Bailaron su vals de ladrido de perro,
Pasaron su luna en un aguantadero.
Ella quedo encinta
y en menos de un mes,
A el le aparecieron manchas en la piel,
Parece que ahora, se llama después.
El no llegó a ver a quien le dio la vida,
Dejó por herencia, una peste conocida,
Ella anduvo mal, pero sobrevivió a la pena,
Volvió por las esquinas después de la cuarentena.
A veces mirando a su hijito jugar,
Viene la amargura a ocupar su lugar,
Si tiene con qué, se pone dura,
Sino simplemente... se pone a llorar…
Los paseantes nocturnos de mi barrio,
No son gente de conformarse con medias,
O se aman o se dan de cadenazos,
Sangre y semen muestra el sol en las veredas.
Los paseantes nocturnos de mi barrio,
Se atiborran de cerveza allá en la esquina,
Y hay quien fuma, de esos fasos que se fuman,
En el mejor de los casos a escondidas.
Y después, por un tema menor,
Te sacuden justo bajo mi ventana,
Y me despiertan con sus gritos algún hijo,
Que me arranca los gritos de mi cama,
Y yo empiezo un arrorró desesperado,
Mientras aúlla, la sirena de la cana.
Retirado como estoy, en este coro desafino,
Soy como Socolinsky en un film de Tarantino,
Pidiendo mamaderas en la farmacia de turno,
Entre clientes de anfetas o preservativos,
Ya sé que soy un marciano en este barrio,
Pero no seré yo el perro del hortelano,
Porque recuerdo a veces antes de dormirme,
Cuando la vida era andar jodiendo ahí abajo.
Y después, porque les da la gana,
Hacen willies justo bajo mi ventana,
Y me despiertan sus escapes algún hijo,
Que me arrancan a los gritos de mi cama,
Y yo empiezo un arrorró desesperado,
Mientras aúlla la sirena de la cana.
Más que un sermón, esta es una contribución,
Para limar asperezas por generación,
La cuestión entonces, pasaría para acordarse,
Como es que era uno, antes de avinagrarse.
Me consuelo en mudarme,
Y pensar que mañana
tendrás, vos también, una buena ventana,
Así que espero que antes, de mandar a nadie al barajo,
Recordes como yo,
Cuando jodías ahí abajo.
Pues tal vez, a estos que hoy estoy durmiendo,
Los escuches justo bajo tu ventana,
Y te despierten con sus gritos algún hijo,
Que te arranque a los gritos de tu cama,
Y empecés un arrorró desesperado,
Mientras yo oigo a lo lejos, muy a lo lejos,
La sirena de la cana,
La sirena de la cana,
La sirena de la cana,
Los que dijeron "acá esta bueno" y se apearon,
A cargar la pava en un rio de chocolate,
Los que llegaron en barcos de todos los destinos,
Y aprendieron en la ronda a tomar mate.
Los toreros de bravos de la Santo Chupón,
Los serenateros, al pie de un balcón,
Los clientes del bar donde Carlitos
inventó el Carlitos,
Los mafiosos, las putas, los macrós.
Los que entraron en La Habana
con una estrella en la frente,
Los que enfrentaron a la cana a gomerazos,
Los que escaparon del infierno de Feced y de Galtieri,
Los que viajaron a la nada, en el baúl de un Falcon.
Los que no oyeron las rotas cadenas,
Ni vieron el trono a la noble igualdad,
Y murieron limpiando, las manchas de vino
que en nuestra bandera dejo un general.
Las mujeres más fuertes del planeta,
Los porteños sin eses al final,
Los cómicos más tristes entre tetas,
Los que esperan milagritos en la mesa de un bar.
Los que quedaron en la calle y fueron lobos,
Los que pusieron el gato a cocinar,
Los que quedaron en la calle y siguen buenos,
Los que lloran a la hora de cenar.
Los que arrancan todavia cada mañana,
Y se ríen de todo por terror,
Los que esperan por un bondi que no pasa,
Los que putean y se suben a un avion.
Los que aprendimos a golpes, que Dios no es argentino,
Y que un desfile de ángeles, no hace un paraíso,
Pero tuvimos una cuna en ese asfalto
y seremos para siempre rosarinos.
Mira que eras mala, vieja bruja,
Cuando llegaste a mi jardín,
Yo que pensaba que todo es eterno,
Supe de pronto como era el fin.
Si no te detuvo, una mirada tierna,
Si no te detuvo una lágrima gris,
Será que te importa muy poco del alma,
No es fácil ser bueno, sin ser feliz.
Después me he perdido en millones de historias,
Después me ha atrapado la voracidad,
Después me he enterado que todo es en vano,
Después los contrario, y hoy, que más me da.
Sabré recibirte una mañana fría,
Una noche de enero, o un domingo de abril,
Te dejo la fecha y yo espero sin prisas,
El bruto secreto que me vas a decir.
Dejaré jirones en hojas escritas,
En gestos de hijos, y en fotos de ayer,
Poblaré el recuerdo de algún buen amigo,
Y de algún acreedor aferrado a un papel.
Pero mira que eres mala, vieja bruja,
Que vas a volver un día por mi jardín,
Y yo que andaré, en mi segunda inocencia,
Volveré a enterarme, que esto tiene fin.